Si la pandemia se va, ¿la soledad se queda? - Newman Institute
Latinoamérica
Whatss: 5584219536
Follow us on
Follow us

Si la pandemia se va, ¿la soledad se queda?

Si la pandemia se va, ¿la soledad se queda?

Desde antes de la llegada de la COVID-19, el aislamiento social y la soledad ya se consideraban un problema de salud pública global. La evidencia científica de los efectos nocivos de la soledad y el aislamiento social en la salud general no es nueva. Desde ansiedad, depresión y deterioro cognitivo hasta enfermedades cardiovasculares y un sistema inmunológico comprometido.

También se ha demostrado que el aumento de riesgo de muerte prematura por soledad es equivalente al del consumo excesivo de tabaco y alcohol, e incluso supera las probabilidades de padecer problemasde salud asociados con la obesidad. 1

Es importante aclarar que aislamiento social y soledad son dos conceptos distintos. Mientras que el término aislamiento alude a la ausencia de interacciones sociales, la soledad define el sentimiento subjetivo de estar solos, apartados o desconectados, independientemente de la presencia física de otros.

Hoy, a casi un año de vivir con medidas de distanciamiento físico -y no social, como suele describirse para prevenir la propagación del virus, crece el llamado a investigar cómo la salud mental se verá afectada a largo plazo tras experimentar el aislamiento y la soledad de forma generalizada y prolongada.

Esto, en un contexto incierto que, además, desafía la capacidad de visualizar un futuro esperanzador.

el comienzo de una era de profunda incertidumbre y miedo sobre el futuro”

Universidad de California

“De hecho, la pandemia del coronavirus se ha convertido en un trauma colectivo crónico en desarrollo que ha marcado el comienzo de una era de profunda incertidumbre y miedo sobre el futuro”, señalan investigadores de la Universidad de California, en Irvine, en una edición especial de la COVID-19 publicada en el journal Psychological Trauma: Theory, Research, Practice, and Policy. 2

De acuerdo con los autores, que durante más de 20 años han estudiado la alteración de la percepción del tiempo en un contexto de exposición al trauma, perder la continuidad de la línea de tiempo personal puede perjudicar la salud mental.

Como una amenaza ambigua e invisible, (la COVID-19) ha puesto al descubierto nuestras suposiciones ilusorias de que el futuro es conocible, controlable y garantizado, y las ha reemplazado por un futuro que se siente inseguro e incierto, una combinación que seguramente desencadenará estrés y ansiedad”.

Tener hambre de conectar

Como especie social, necesitamos de otros seres humanos para sobrevivir. ¿Y qué ocurre cuando se nos priva de esta conexión social? Respondemos como si necesitáramos saciar la sed y el hambre.

Al menos esta fue la conclusión a la que llegó un equipo de investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) tras utilizar imágenes de resonancia magnética funcional (IRMf) para comparar las respuestas cerebrales a la soledad y el hambre de un grupo de 40 participantes.

El experimento, cuyos hallazgos fueron publicados en 2020 en la revista científica Nature, constó de dos sesiones, cada una de 10 horas, en las que se privó a los adultos de alimento y contacto social. Cada sesión fue seguida de un escaneo cerebral a los individuos mientras observaban imágenes de comida y actividades sociales de su preferencia. 3

El estudio reveló que las mismas áreas del cerebro de los participantes eran activadas ante ambos estímulos -conexión social y alimentos-.

“Esto nos dice que parece haber una firma neuronal compartida subyacente entre los dos estados”, dijo en entrevista con Scientific American Livia Tomova, neurocientífica de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, y coautora del estudio.

“La interacción social no es solo algo divertido o reconfortante. Es algo que realmente necesitamos para funcionar”

Livia Tomova, NYTimes

“La interacción social no es solo algo divertido o reconfortante. Es algo que realmente necesitamos para funcionar”, señaló Tomova en entrevista para The New York Times.

En declaraciones a Scientific American respecto al estudio, Jamil Zaki, docente de psicología de la Universidad de Stanford, comentó que los resultados sugieren, especulativamente, que el aislamiento social crónico podría compararse con la desnutrición a largo plazo, “produciendo una necesidad constante y aversiva que desgasta nuestro bienestar”.

“Estos hallazgos nombran lo que innumerables personas están experimentando en este momento:ansias de socializar mientras se quedan en casa para proteger la salud pública”.

Aislados y conectados

¿Cómo responderemos al regresar a un mundo en donde el contacto físico deje de ser una amenaza para la salud? Esta es una de las interrogantes que siguen vigentes a casi un año de vivir aislados y sentir la soledad a causa del confinamiento forzado.

En entrevista con la BBC , Yuko Nippoda, psicoterapeuta y portavoz del Consejo de Psicoterapia del Reino Unido, reconoció que, además del impacto a largo plazo en la salud mental causado por el estrés relacionado con la pandemia, otra gran preocupación actual es la soledad crónica provocada por el aislamiento social o “una falta de sentido en la vida” durante la era de la COVID-19.

De acuerdo con Nippoda, algunas personas se han encontrado involuntariamente con menos conexiones cercanas, por lo que reconstruir su círculo social puede resultar desafiante.

Por otro lado, están aquellos que podrían resistirse a socializar en el futuro tras experimentar el desapego del mundo exterior del que se aislaron deliberadamente para sentirse seguros.

Desde el punto de vista neurobiológico, el Dr. Stephen Porges, creador de la teoría polivagal de la que hablamos en una publicación anterior del blog, explicó en entrevista para el podcast Relational Implicit & Somatic Psychotherapy que si dejamos de interactuar con personas durante un periodo de tiempo, “nos marginamos y comenzamos a sentirnos muy aislados”.

“Y esto es realmente muy, muy malo para nuestro sistema nervioso. Y nuestro cuerpo reaccionará con un sesgo de negatividad”, advirtió el neurocientífico. “Este es el otro problema. Al estar separados, aumentan las nociones de estar demasiado preocupados, neuróticos o paranoicos acerca de la situación porque no tenemos suficientes oportunidades para la corregulación”.

Dado que nuestro sistema nervioso se vuelve más defensivo en aislamiento, tenemos que ser inteligentes, subrayó Porges.

“Tenemos que readaptar o replantear lo que significa aislamiento en esta situación: es una defensa, pero no queremos que se mezcle con o se convierta en estar a la defensiva al interactuar con los demás”.

Para ello, el también coautor del libro “Aplicaciones clínicas de la teoría polivagal: el nacimiento de las terapias influenciadas por la teoría polivagal” enfatizó la necesidad de valernos de la tecnología de videochat disponible para interactuar con otros a un nivel “casi primitivo”, utilizando la expresión facial y el tono de voz.

En el artículo “Una mirada polivagal a la salud mental durante y post COVID-19” ahondamos en lo que esta práctica significa para la terapia en línea.

La soledad no perdona

Nada está escrito respecto al impacto a largo plazo que el aislamiento y la soledad podrían tener en el bienestar emocional, psicológico y social de la población global.

Sin embargo, la escala y la naturaleza del virus, aunado a las continuas restricciones para frenar los contagios, dejan entrever la complejidad de la crisis de salud mental que se está gestando.

“En particular, cuando las interacciones sociales se ven perturbadas por el aislamiento social, una condición especial durante períodos de pandemias como la que atravesamos actualmente, esto puede afectar directamente la salud mental y tener consecuencias a lo largo de la vida”, indicaron los autores de un exhaustivo análisis sobre la evidencia actual que vincula el aislamiento social con cambios en la expresión genética del cerebro.

En el reporte , publicado en octubre del año pasado en la revista científica Frontiers in Genetics , los investigadores concluyen que “las regulaciones impuestas por los gobiernos alrededor del mundo pueden tener consecuencias que las personas no anticipan y reverberar durante años y posiblemente décadas”. 4

“Dado que la aparición y propagación de virus que infectan a los humanos son y serán una amenaza constante para la humanidad, se necesita una estrategia más pensada para reducir la interacción social, teniendo en cuenta el extraordinario impacto que las interacciones sociales pueden tener en la vida”.


Related Posts
Leave a Reply

Your email address will not be published.Required fields are marked *